🪦 ¡De enterrador a rocker! Los trabajos raros de Rod Stewart

A veces vemos a los rockeros legendarios con sus trajes estrafalarios, sus melenas alborotadas y una copa de champán en la mano, y pensamos: “No pos sí, este cuate nació en pañales de seda”. Pero la realidad es otra. Antes de que el buen Rod Stewart llenara estadios y vendiera millones de discos con su voz aguardentosa, le tocó “talacharle” duro en trabajos que harían dudar a cualquiera de sus decisiones de vida.
Así es: antes de ser la estrella del rock que todos conocen, Rod Stewart tuvo que lecharle a la chamamba en oficios bastante estrambóticos. Aquí te dejamos el recuento de los jantes más raros del británico más despeinado de la historia.
Enterrador en el cementerio de Highgate (El mito de la pala)
Este es el chisme más famoso de su biografía. Durante décadas corrió la leyenda de que Rod se ganaba la vida cavando tumbas en el famoso cementerio de Highgate, en Londres.
Años después, en su autobiografía, el propio Rod aclaró las cosas para que no lo tacharan de vampiresco: no era propiamente enterrador, sino el encargado de marcar y medir las fosas, además de limpiar las lápidas y deshierbar. ¿La razón principal por la que aceptó ese trabajo? Espantar a sus propios demonios.
Resulta que de chiquito le daba un miedo pánico el tema de la muerte, y su hermano le sugirió meterse a trabajar ahí para quitárselo a la fuerza. Una especie de "terapia de choque" a la británica: ¿Le tienes miedo a los muertos? Pues ve a limpiar sus tumbas.
Futbolista que terminó cobrando por partido
El sueño frustrado de Rod Stewart siempre fue la pelota. De joven jugaba bastante bien y llegó a hacer pruebas para el Brentford Football Club, un equipo local.
Aunque llegó a firmar como jugador juvenil, la realidad fue menos glamurosa de lo que suena: le pagaban una miseria por partido y le tocaba limpiar los tacos de los jugadores del primer equipo. Al final se dio cuenta de dos cosas:
- El fútbol exigía levantarse a entrenar a las seis de la mañana en el frío londinense.
- La música le permitía emborracharse, desvelarse y de todos modos ganar dinero.
La decisión cayó por su propio peso.
Repartidor de periódicos y cargador de marcos
Antes de que se le diera eso de rasgar la garganta frente a un micrófono, Rod tuvo que entrarle a lo que saliera. Trabajó repartiendo periódicos en las mañanas heladas y también como ayudante en una fábrica de marcos para cuadros, cargando madera y soportando el polvo todo el día.
Cuentan que en sus ratos libres dentro del taller se ponía a tocar la armónica para pasar el rato, hasta que los patrones lo terminaban mandando a trabajar de nuevo porque nomás no daba una con la carpintería.
Lavaplatos en restaurantes de mala muerte
Como todo buen aspirante a artista, a Rod le tocó pasar por la cocina. Fue lavaplatos en varios establecimientos de poca categoría donde, según él mismo ha contado, la grasa acumulada en las sartenes parecía material quirúrgico de lo dura que estaba.
Este trabajo le duró poco porque la paciencia no era su fuerte y prefería andar de vago con la guitarra a cuestas en las plazas públicas.
La neta:
Si sientes que tu trabajo actual no te lleva a ningún lado o te toca hacer tareas medio raras para pagar la renta, acuérdate de Rod Stewart. El tipo pasó de quitar la hierba de las tumbas y lavar platos con grasa pegada a convertirse en uno de los músicos más exitosos de todos los tiempos.
La moraleja es clara: no importa dónde empieces la talacha, lo importante es encontrar el micrófono correcto para salirte de ahí.